miércoles, 15 de agosto de 2018

Pastel













Hay que hacer un pastel, tú prepara el bizcocho y yo pruebo el betún.


Usaremos crema de lata, sprinkles de colores artificiales y tus conocimientos en conductividad térmica.


Que sea dulce pero no tanto, tú lo adornas con fresas y me dejas mirarte. ¡Quiero probar primero!, compartimos una rebanada pero yo pruebo primero. 














Nota nocturna: yo no tengo la culpa de que me den material para escribir mis tonterías, ni de eso ni de mi insomnio, soy inocente. 





domingo, 12 de agosto de 2018

Tu paraíso


Para leerse escuchando Harvey de Her's y dejar que suene hasta el final.













Renunciaste al infierno y eres expulsado, las puertas se cierran. 


El líquido de la vida deja de correr por los  delicados valles, todo se vuelve irreal.


El pecado, el placer y los secretos te son denegados, buen samaritano, ahora puedes seguir tu camino de perfección y linealidad.


Tienes el paraíso de mármol.
Estás a salvo, el diablo no ha de tocarte, renunciaste al infierno, las puertas se cierran.


El diablo pasará una temporada en una ostra, como recuerdo, te obsequia la perla.


El infierno arde en llamas y nosotros jamás nos volvemos a ver.









sábado, 11 de agosto de 2018

Tenga mis pistolas, mis espuelas


Sugerencia: para leerse escuchando Like wind blows fire de Cheers Elephant














No, no, no, acepto que ya no soy un vaquero, anótelo Eustemio, anote que ya no soy uno, y tenga le dejo mis pistolas en la mesa, que lo anote Eustemio, que conste en el acta, que no se diga que soy cobarde, me haré responsable de mis actos, no importa que haya sido mi culpa o no, al final todo depende de nuestras decisiones.



Sé que lo que ahora sigue, por los eventos acontecidos, es un destierro y si no lo acepto entonces me rompen el cuello, y ya ha de saber  usted que yo no he de agachar la cabeza y esconderme el resto de la vida, de una miserable vida, mientras la vergüenza alimenta a este pueblo polvoriento para después pasar al olvido, no, no porque yo jamás voy a poder olvidar.



Tome Eustemio, tenga mis pistolas, mis espuelas y el pañuelo, prefiero ofrendar mi sangre al desierto arenoso que mis días a esta gente pestilente, inmunda y miserable. Prefiero morir de una vez que andar arrastrando mis días por un amor cobarde.













*Solo queda el sonido del viento*






miércoles, 8 de agosto de 2018

Aseveraciones







Si te acuestas una noche de domingo y a las doce y tantos de la mañana de lunes sigues sin poder dormir, creo que el insomnio no solo es de domingo, es también de lunes.


En la mesa, tres duraznos enormes sobre una charola de plata, aterciopelados y rebosantes de salud, con ese color benévolo, prometen las risas juveniles de primavera, la maldad y la desidia.


Ninguna cantidad vergonzosa de tazas de té te ayudarán a dormir y ninguna cantidad escandalosa de cafeína te ayudará a despertar.
Sigues en el país de las malditas maravillas.


No puedo moverme, estoy en-can-ta-da (como el juego, no es disfrute), si me tocas, me salvas. ¡No te atrevas!



Hoy cierra los ojos y luego deja de pensar.






sábado, 4 de agosto de 2018

Derretirse


Recomendación: para escucharse con la canción más amarilla de todas, claro, no podía ser una color cereza, tampoco una rosa, my kind of woman de Mac DeMarco. 
















Cien besos de vainilla y todo se ha vuelto suculento.
No solo estás sentado en la plaza comercial comiendo un helado, miras los días que se te han ido,
un sorbete, y recuerdas su piel clara.

Tus papilas gustativas se adormecen por el frío pero en tu pantalón algo despierta.
¡Shhh!


Es que era una mujer de líneas, de hermosas frases entrecortadas.
Te escribía como nadie lo ha hecho y como nadie lo hará.
Te tocaba con la delicia de la primavera,
y se hacían el amor como solo ustedes...


Era una musa de líneas:
las de los labios,
las de los pechos.
la de la cintura, esa que sujetaste, esa que fue tuya, una, dos, varias veces.


Una cucharadita de pasado sabor vainillina y caramelo, 
una pizca de promiscuidad;
la mirada se te extravía en el vacío,
¡qué infernal es el helado!,
¡qué infernal es la sed de ella, de su amor, sus abrazos, sus besos, sus noches!.
Ya cálmate.


El amarillo se deshace en tu lengua y se vuelve agua,
El amarillo se deshace en tu lengua, como su cintura.


Luego el sabor dulce lo inunda todo, como su presencia cada noche contigo.
Por la vainilla, tus papilas florecen
tú también la hacías florecer.

Pero ¡hey!, estás comiendo un helado, deja de fantasear que lo derrites, tú te derrites.




Y aceptarías el infierno a cambio de esos labios de azúcar
el infierno por una noche más de su néctar,
de sus jardines.
El infierno por verla desbordarse de placer
de amor y de locura
de amor y de ti
Porque era por ti, ella por ti, amándote.
A ti vainilla, que la derretías, a ti que ahora comes un helado y lo derrites y te derrites de placer y desesperación.


Y el dulce que cae de tu cono se resbala lentamente por tu mano,
¡toma la servilleta y límpialo imbécil!.


Cierras los ojos y es demasiado tarde,
las gotas caen en ese vientre que se mueve al mismo ritmo que tú.




La naturaleza es preciosa, tan insinuante, tan cálida; acercas tus labios al origen:
un ombligo maravilloso
un suspiro atemporal 
un reclamo de ti.
Ella es toda tuya.
Tomas el helado de su vientre con un beso, otro y otro.


Y el dulce…
lo inunda todo,
a ella, a ti, al tiempo
y otra vez la tienes, enamorada, deliciosa, tuya.
La ves cerrar los ojos mientras te saborea, la abrazas; florece,
la vuelves caramelo; se derrite en ti.
Mi amor, esta vez tú también te derrites.





Fantasías. 

Las gotas caen en el cierre de tus jeans, ¡qué idiota, abriste los ojos!, no era su vientre, no eran sus valles, eras tú, el calor y tu helado.


Y de tu fantasía algo no te convence, es que no la conociste en realidad y tú tan ignorante e incrédulo, sospechas.

Algo no te convence, es que cómo, con las tres letras de su nombre, ella podría quererte a ti, tan común, tan real, tan ...














Nota: 

Todos ya sabemos que la vainilla es una insanía, un cliché de mal gusto, en mí claro, en mí. 



domingo, 10 de junio de 2018

Helado

Mi recomendación es para leerse escuchando Do without de Angus and Julia Stone, mientras comen su avena con salvado, leche y miel, pero pueden hacer lo que quieran.








Iba a empezar diciendo que llevo dos días sin tomar café, pero recordé que ayer tomé una taza, entonces creo que ya no puedo empezar de esa manera, tampoco puedo escribir mis puerilidades de “cerrar ciclos”, porque el tema se ha vuelto una insanidad insoportable y un tema cliché desagradable y aburrido, ni de mi cumpleaños porque… bueno, ya pasaron dos semanas y vamos, muchos olvidaron felicitarme, solo Dani la amiga de Mar me dio una tarjeta bonita y es un día casi normal.


El día de ayer cené, después de muchas ocasiones fallidas, con el amazing Javo, creo que ya puedo decir que de los amigos que tengo es uno de los que más me hacen reír y uno de los más divertidos. Me encanta porque generalmente con mis amistades tengo triángulos en los que las otras dos personas involucradas son tan símiles que, por ejemplo, todo lo que piden  es igual, en la Condesa de Juan Álvarez Sandy y Perli siempre piden el black forest, yo no, Ale y Víc solían pedir cosas parecidas, también, igual que mis hermanitos, es como un triángulo en el que de algún modo no eres tan parecido, por supuesto no quiero decir que quiero menos a mis dos mejores amigos o a mis hermanos, sin embargo sucede con Javo que a la hora de pedir pizza, aunque ya sabía que éramos medio parecidos (súper poquito), coincidimos en los sabores, hawaiana y cuatro quesos y me moría de risa porque es muy divertido coincidir, por ejemplo con aquello de que la gente aparte de odiar la piña, la odian en la pizza, primero yo amo la piña y en la pizza me gusta, pero no entiendo cómo se puso en boga aquello de odiar la piña en la comida… hay comida dulce, y bueno, así empezó la cena, eligiendo los sabores de la pizza, después pasamos a los temas místicos que con muy pocos se hablan, porque son tabú, me gusta de Javo que es escéptico y muy curioso, también tiene un sentido común de envidiar y es muy listo… básicamente lo odio (broma). Entre muchas de sus curiosidades resultó que tiene problemas  con el vino entonces terminé tomando mojitos, aunque no me gustan tanto, porque obviamente no me iba a tomar una jarra completa yo sola. Por cierto no entiendo cómo a la gente le gustan los mojitos, son muy… simples.


Salieron un montón de cosas divertidas, y otras no tanto, las crisis de los veinte, los desamores y los kilos de más nunca son divertidos, pero aparte del pasillo de nuestras ansiedades y temores, un disco de post-cumpleaños y la gabardina que dejé en su casa el día de su cumpleaños ¡hace un año!, la conversación fue de las mejores que últimamente he tenido, y me gusta porque se puede hablar de casi todo con él, de cómo mi coworker le tiró la cerveza a la bolsa de regalos de mi  jefe en Expo pack (Esther, si estás leyendo esto me disculpo pero de todos modos sabes que ese día morí de risa), de mi corazón roto, de su cita casi fallida, de los trabajos, las crisis creativas, las sombras que vemos en las casas de nuestros amigos, sus otras vidas, comer carne humana, ¡qué asco!


Bueno, cambié de opinión, sí tocaré las insanidades, porque es mi blog y soy muy odiosa; sé bien que eso de “cerrar ciclos” es una cosa horrible, más si la información con la que cuentas para hacerlo es muy poca y todo queda en suposiciones tuyas, eso no lo hagan, solo utilicen la información que tienen, las suposiciones pueden matar, bueno, sé eso, sé que anímicamente no estoy tan bien, aunque vamos ¿quién lo está? (les sorprendería la respuesta, hay mucha gente sana, perfecta y con vidas perfectas, y qué trágico); me estoy desviando, como siempre, mi punto es que a pesar de que una persona tiene sus cosas en qué pensar, las gomas de obsequio que jamás llegaron o sus últimas dates que quizá no fueron tan fructíferas, etc., de repente una plática es estimulante, es divertida, y buena para ti, porque piénsenlo, a cuánta gente ven, con cuántos platican, a qué personas besan, sin conocerlos, sin hablar, sin reír, apenas tocando con las puntas de los dedos (o de sus lenguas) una mente que quizá esté vacía.


Me quedan algunas dudas, ¿es cierto que los hombres son gorilas que no se dan cuenta de nada?, con base en ello y por la evidencia de mi último desastre sentimentaloide ¿entonces yo soy el gorila?, ¿un ingeniero puede tener las emociones de una jovencita berrinchuda de secundaria?, ¿tanto los chicos como las chicas son estúpidos, ellas por nunca decir nada y enojarse cuando les mandan este emoji J y ellos por mandarlo y bueno por ser… gorilas?, ¿sus novias se han indignado con ustedes porque sueñan que las engañan?, ¿han visto fantasmas?, ¿les duele el estómago cuando cenan helado? porque yo lo hice y la plática estuvo increíble pero el dolor de estómago no.

sábado, 5 de mayo de 2018

Cosas de adultos, correr...








¿Que qué tan divertido es ser una chica bonita?, no sé, pero si  necesitas mucho saberlo, puedo preguntarle a mi hermana.






Qué divertido es andar con ropa interior los sábados por la tarde, es porque hace calor, el calor que te hace servirte agua con fresas congeladas y retoños de menta, tumbarte en el sillón y escuchar el tráfico, mientras piensas cosas como: sobre todo no quiero ser una débil margarita, porque las margaritas están pasadísimas de moda, no en un modo vintage, y porque soy una mimosa, no como la planta, como el adverbio.

Seguramente los padres de muchos de ustedes corrían, mi abuelo era ciclista, era porque ya no lo practica, mi padre era atleta, era porque ahora practica natación y su némesis es una niña de ocho años, y recuerdo que cuando yo era adolescente y mi padre me platicaba de lo magnífico que era correr yo solo podía hacer una mueca, como la que hace el príncipe Felipe en la Bella durmiente, porque recordaba cuando de niñas mis padres nos llevaban a la deportiva de uno de los pueblos vecinos para correr en la pista de atletismo, y era horrible, no podías respirar por la boca, no podías comer nada pesado antes del entrenamiento y solo podías tomar suero terminando, y juro que lo único que pasaba por mi mente mientras corría era que tenía hambre, sed y que odiaba a todos; por eso no entendía cómo a mi padre le fascinaba correr, aparte sin música, y eran entrenamientos muy pesados, en el Nevado y cosas así, maratones y carreras de velocidad, insisto, no entendía y me parecía exagerado o “raro” que hablara de cosas como despejar la mente, analizar situaciones difíciles o apaciguar emociones, nah, cosas de grandes, igual cuando tenga treinta empiezo a hacer ejercicio, eso decía, porque yo era el artista y la oveja negra de la familia, pues resultó que empecé a hacer ejercicio en la universidad, y que aunque no fue tan agradable, me hacía cansarme y se sentía bien, después cuando comencé a trabajar también hacía pero luego como todo era “pesado y cansado” dejé de hacer.


Recuerdo mucho a una compañera de la preparatoria que escribió algo como ¿cómo te purgas al amor de tu vida?, y a uno de mis mejores amigos diciendo ¿cómo sanas un corazón roto?, bueno, eso sigo sin saberlo, yo no creo que como tal exista una “sanación”, y ¡al diablo, quién quiere sanar!, eso también está pasado de moda, prefiero andar con mi corazón roto por todos lados a intentar ponerle un curita, al diablo, los corazones rotos son encantadores, pues como dije, no tengo idea de cuál sea el remedio para el mal de amores y si alguien lo sabe no me lo diga, lo que sí le hace bien al corazón, roto o no, en la primavera es el agua con frutas congeladas y menta, eso sí, un montón de risas y resultó que también correr. Empecé a correr porque me sentía ansiosa y estresada, y resulta que es muy divertido, recuerdo a papá porque mientras lo hago pienso ciertas circunstancias y de algún modo he perdido miedo de pensarlas, la verdad no sé si todos los adultos (y los que somos intentos fallidos) corren por las mismas razones, y claro supongo que no, unos por salud, otros porque tienen perros, y el jueves pasado pensé: de verdad todos los adultos que corren, ¿corren o huyen?, yo no creo estar huyendo, pero solo pasado el tiempo confirmaré esto, ¿ustedes corren?, y si lo hacen ¿de verdad están corriendo o están huyendo?


Qué divertido es tumbarse en el sillón y leer mientras todo gira, unos minutos para ti mientras piensas en la persona que te encanta y sus odios por la fruta… no se puede tener todo en la vida, y qué desagradables las personas que tienen perros y te dicen “no hace nada”, pero vamos si a alguien le dan miedo los perros que te hagan nada o no, no importa, la oscuridad no hace nada y los niños se hacen pipí en los pantalones, aparte ustedes son los dueños de los perros, que no les hagan nada a ustedes no significa que a los extraños no les hagan. Por eso no corro en los parques.

domingo, 29 de abril de 2018

¿Qué se siente que me gustes tanto?




La recomendación iba a ser ¿qué se siente que me gustes tanto? de Daniel, me estás matando, pero ya ni es el poema que iba a escribir y ya estoy muriendo, entonces léanlo como gusten.






Esto iba a empezar con algo como que el mundo se encierra en pequeñas cosas y luego iba a hacer uso de las anáforas para ilustrar que lo extraño muchísimo en cada acto y cada día, seguramente como él no se imagina, luego recordé que escribí algo en la libreta que Víc me regaló, que habla de las posiciones, las malas costumbres y de la ropa interior que la gente tiene al dormir y recuerdo bien que eso surgió de una vez que platicando con él me dijo que creía que dormía como una bestia… en fin.

Hoy regresé de hacer la despensa, para un mes la mayoría de los alimentos, y encontré en el refrigerador una lata de lo que yo creí que era un jugo pero es una bebida alcohólica al 12% con estampado bonito de colores amarillo y rosa y de sabor a fresa y limón… en realidad sabe a medicina, recuerdo que me la dio Uriel en su cumpleaños cuando nos íbamos todos a la taquería, antes de irnos en el auto de Axel, Liz, Axel y yo, el mismo día que se me pegó la canción “Se te olvida” del playlist de bossa nova de Axel, íbamos  los dos cantando porque Liz iba casi… durmiendo, y bueno, ya, hice un smoothie de sandía con fresas y un chorrito de eso, yumi, preparé atún y me serví lechuga con limón, y puse un playlist de los vergonzosos para sentirme más miserable en mi mal de amores, es que es bien delicioso hundirse en la tristeza de las canciones que acentúan nuestro malestar (¿malestar?, sí es un malestar, extrañar es un malestar), abrí el pequeño cajón de la mesita de estar y ya no estaban los libros que antaño ahí se encontraban, a cambio había una pequeña carta que si bien no puedo agradecer sí me sirvió para preguntarme, ¿eso tan irónico es la vida, recibir una carta de una persona y extrañar a esa otra que los abuelos solían llamar bien cursimente “el amor de la vida” (letras doradas en fondo rosa)? Me metí a la habitación de inmediato a escuchar una canción y a escribir esto, que en primer instancia iba a hablar de la asfixia del mal de amores, en la ducha, en la cocina con mamá, en los pasillos del centro comercial, en el centro del pueblo, en mi habitación, en la de Mar, mientras hablamos de lo raros que son los hombres y en la oficina.

¿Ustedes no se asfixian? Y si lo hacen, ¿qué sienten?, ¿cómo lo curan? Es que las paletas de fresas con crema y los helados de pistacho ya no funcionan, tampoco el vino con fruta ni la pasta, ya no me da hambre y hasta el chocolate que pasaba antaño sin pena ni gloria ahora me da un poco de asco, solo tengo sed, y el calor de primavera que no es como el de años pasados me sofoca hasta la locura, súmenle a eso extrañar y querer a alguien de quién no sabes qué demonios hay en su cabeza.
Ahogarse es ridículo y más ver conectado a alguien y que sea la única interacción que exista entre dos personas un: en línea. No quiero ir al cine a ver una ñoño película con un que me importa un pepino, ni tomar café ni nada… quiero escuchar a Víc y a Carlos hablar de su corazón roto (la dulce empatía de los caídos), quiero leer, estar en el jardín sin sentir dolor de una parte del cuerpo que ni creo tener, no pasar por el pasillo de belleza femenina y ver cosas como dead sea  minerals, morir de risa, estar a punto de mandarle la fotografía y recordar que ya no puedo.
La gente da un montón de consejos bien extraños, ninguno hasta ahora me ha servido y aunque sirvan, no quiero que lo hagan, no quiero olvidar, bueno, igual aunque quiera… ¿qué compran ustedes en la despensa? Esta vez ya no compré helado ni pop-tarts, ni yogurth con colorantes artificiales porque recuerdo a mamá y me da remordimiento y porque le dije a la agente Esther, mi coworker, que iba a comer más sano. Estas cosas son muy complicadas, como dicen los adultos, y yo me siento a destiempo, ya a la gente no le importa que alguien lo quiera, que le guste, eso es muy mainstream, no tengo idea de lo que quieren y si la tuviera es seguro que eso yo no puedo darlo, y me causa ya no curiosidad, solo sorpresa y controversia el daño que pueden hacer porque “no se dan cuenta”, ¡vamos!, son cuestiones básicas de respeto, en fin… quizá es el calor de Toluca hablando por mí, siempre tengo un montón de pretextos bonitos: la fiebre, el calor, el vino, yo no, no, no, no, yo jamás.

Unos están sufriendo la pesadez de sus amores locos, otros los amores rotos de años, y algunos de solo siete meses, otros estamos en la sala de las efímeras, ser adulto es muy pesado y cansado.

Y pocas cosas quedan para el resto del domingo, una serie, un smoothie, chocolates, una carta incómoda que no pienso guardar, la chaqueta del trabajo que me queda grande y que le dejaré a mis nietos y la persona que me gusta, lejos, lejos, lejos, y a siete horas de diferencia, pensando quién sabe qué cosas, viviendo quién sabe qué vida, y la cuestión ¿qué se siente que me gustes tanto? porque yo siento asfixia y me derrito. 





miércoles, 4 de abril de 2018

Te quiero (no es cierto)


Ella es la tontuela que se deja robar un beso  y a la que terminan robándole las bugambilias, las risas y hasta la bubble gum.


Su ingenuidad la aderezan con jarabe de cerezas y solo la dejan derretirse al sol.


Es un caramelo de fresa y mandarina, deliciosa, pero imposible de querer.


Es la tontuela que vira al rosa con un beso y se vuelve azul con los adioses.


En primavera, un hielo de jugo de piña, pétalos de petunias y limonada rosa.
El mordisqueo doloroso de unos labios delincuentes y luego nada.
Las tardes sonando  prometedoras y luego, de nuevo, la nada.


En primavera, un susurro prescindible, un recuerdo fugaz, un montón de flores olvidadas.



viernes, 30 de marzo de 2018

La more


Sugerencia de lectura: Therapy de Khalid 





A la more, que en realidad no es morena pero le llaman así porque se notaba una diferencia con su hermano rubio y su hermana del color de la nieve, las mañanas se le pasan recogiendo sus vestidos, limpiando su habitación y regando sus plantas, haciéndose agua de arroz con canela y cortando la fruta del huerto, las tardes cuidando los vegetales y quitándoles las babosas que carcomen las hojas de los betabeles, las acelgas, calabazas y sandías,  las noches… esas se le pasan lento, lentísimo, oye los grillos de las flores, el choque de las hojas, hasta  oye a su corazón golpetear confuerza.


La primera vez que algún cretino le partió el corazón su madre le preparó jugos de fresa, sospechando que le faltaba azúcar, -toma niña, y le daba un beso en la frente, pero era primavera, no tenía falta de energía tenía falta de aire fresco.


Esta vez, y con este cretino las cosas no eran diferentes, estaba tranquila, pero de repente la asaltaba un arrepentimiento febril, una culpa luminosa, despejada por la tarde y su temperatura más baja.


Qué dichosa era la more sin ser consciente de su maravillosa capacidad de amar, su respuesta con las personas que amaba ante las situaciones “difíciles”, como dicen los adultos. Generalmente disfrutaba recordar de él sus labios, los abrazos, los besos, pero es primavera, todo se cura comiendo fruta, ahora la more ve su reflejo en la laguna mientras refresca sus pies, le muerde a la rebanada de piña y el jugo se resbala en su piel, lentamente; ha dejado de sentir cosquilleos en el corazón, en el ombligo, más abajo.




jueves, 15 de marzo de 2018

Brisas y huracanes






Todo empezó el domingo por la fiebre de la creatividad que cada fin de semana me inunda y me tumba hasta, repito, la fiebre, en fin ese día comenzó pero se fue hasta el lunes luego al martes, los días girando en el calendario, con todo el estrés del mundo y la decepción de las conversaciones más triviales en el comedor del trabajo, ¡gracias clima horrible de Toluca! porque sin ti en la comida escucharíamos únicamente cómo masticamos. A mí me gusta hablar, las buenas conversaciones y también las risas, pero llega un momento en el que cansa, cansa lo insípido de las personas, lo desastrozo de los intentos por revivir una conversación y entonces simplemente metes las manos a los bolsillos y dejan las buenas pláticas para las buenas personas.


En fin, se coló hasta esos días, pero eso tampoco importa; el día miércoles a las siete con cuarenta salí de casa y como era un poco tarde tomé un taxi, curioso, muy curioso en realidad, de nuevo era el taxista de “la vez pasada”, el que se coloca dos ramitas de alguna planta que no alcancé a distinguir en las orejas, una en la izquierda, una en la derecha. Pues estábamos de nuevo en la mañana el taxista de aquella vez y yo  y el tráfico sobre Tollocan era horrible, como siempre, entonces me propuso que llorara en su hombro porque igual nos íbamos a tardar la eternidad, yo lo reconocí de inmediato, pero igual que cuando miras la pasta de dientes que acabas de dejar destapada y finges que eso jamás pasó y que fue inconsciente, así mismo fingí no recordarlo, pues me dijo que iba contrariada, con mucha carga emocional, a lo que contesté que sí, creo que no recuerdo todo pero mientras veía las puntas de los árboles del parque me preguntó cómo iba con el novio, ¡ja! Y el taxi avanzaba lentamente.


Las personas que me conocen, las cinco que lo hacen, saben que tengo un conflicto con las etiquetas, específicamente por los atributos que como sociedad solemos colocar a las palabras, a algunas, de entre las múltiples que me chocan puedo citar dos que me vienen a la mente, la primera creo es evidente que es la palabra novio/noviazgo y la segunda que pienso es doctor.  

Cuando hacen alusión a los doctores, inmediatamente las personas piensan en hacer reverencia a su majestad el doctor que usa una bata blanca, un médico con una bata, todo un cliché, me atrevo a decir aunque nací y crecí en un pueblo, todo un cliché pueblerino, y con la palabra noviazgo, bueno, no es tan diferente, independientemente de que las personas vivan en zonas residenciales o en casas a lado de invernaderos, la mayoría atribuye efectos mágicos a la palabra noviazgo, es algo así como un: dícese de la persona que a uno le pertenece después de que le a preguntado si le gustaría que le reclamen por la libertad la debilidad y el acto. Como sea, me reservaré para otro momento los consejos –pícaros- que me dio el señor taxista acerca de este tema. El punto es que es muy receptivo y estoy segura de que esconde un misticismo asombroso, él mismo me ha dicho que soy rara, pues no sé que hizo, este tipo de situaciones me pasan a mí, son graciosas, y al final del transcurso y de una plática muy realista y entusiasta me aconsejó ser feliz y divertirme más, curiosísimo Marco en el comedor un día antes me había dicho algo parecido, después me dio un abrazo y me llené de vergüenza porque la máquina se había tragado mi dinero sin darme los chocolates que había pedido y porque Marco notaba que estaba mal.


Pues ahí empezó todo y se pasó, por supuesto, al día jueves, yo no lo planeaba pero terminé en Nutrisa con los coworkers, sí, incluida Esther con la que compartí el tipo de outfit y a la que le tomé cariño desde el primer día, porque muy a mi pesar mi corazón es muy ingenuo, después sin planearlo tampoco, en el cine con Lady Bird.


Me gustan las películas que tratan de la vida, rebanadas de vida o pedazos de día, los jeans que utilizamos los miércoles, los libros que metemos en nuestra bolsa los martes, el café que tomamos solos, las lágrimas que lloramos en el cine sin necesidad de que ningún intruso-arruina películas te pregunte si estás bien, los calcetines que usamos con la ropa interior en estos días de calor, las conversaciones subidas de tono, los abrazos que damos, los pasteles de cumpleaños…


Salí de la película de nuevo inocente, pero no del todo victoriosa, y mientras caminaba pensé en mamá, papá y por supuesto Ale y Víctor, sobre todo en ellos, caminaba por la tienda de videojuegos a lado de la de make up, ahora todo era clarísimo, ¡por supuesto que sí!, ¿qué esperábamos?, ¿El amor de la vida a los diecinueve o a los veintiuno?, ¿qué es eso del amor de la vida de lo que tanto hablan los ancianos?, ¡pues claro que no!, tenemos veinticinco, pronto uno más, pero no planeamos como casarnos o huir a la Habana detrás de aquel hombre de brazos fuertes y piel morena, porque sobre todo jamás hemos querido ser débiles margaritas, creo que esperábamos amores afrutados, fructíferos, equilibrados pero pasionales, toda una antítesis, por supuesto que nuestros amores van a fracasar y a florecer y en ese ciclo nos moveremos, queremos experiencias, vida y amor.


Después vi la escalera eléctrica que conduce a la terraza y recordé hace un año, antes de que Ale se fuera a Rusia, nos encontrábamos en la terraza de esa plaza comercial, tomando café, en un día de otoño, seguramente de septiembre, recuerdo que llevábamos suéteres, chaquetas y bufandas porque hacía frío, recuerdo sus risas, sus voces, las conversaciones que parecían fútiles y la luz, que agonizaba, naranja en sus rostros. Fuerza de esa que es sutil y sublime, de la fuerza que te permite aceptar que quizá estás un poco mal o muy mal, cansada, pero que poco a poco estarás mejor, este también es un ciclo,  y como dice Víctor hay que animarnos a vivir con todo, con la brisa fresca pero también con las gotas del huracán; y agárrate fuerte Mich, que estamos en pleno huracán y está bien, ya verás que el huracán acomodará todo mejor. Y así empezó, pero no sabemos cómo termine, porque las brisas y los huracanes nadie sabe cómo terminan.