domingo, 10 de junio de 2018

Helado

Mi recomendación es para leerse escuchando Do without de Angus and Julia Stone, mientras comen su avena con salvado, leche y miel, pero pueden hacer lo que quieran.








Iba a empezar diciendo que llevo dos días sin tomar café, pero recordé que ayer tomé una taza, entonces creo que ya no puedo empezar de esa manera, tampoco puedo escribir mis puerilidades de “cerrar ciclos”, porque el tema se ha vuelto una insanidad insoportable y un tema cliché desagradable y aburrido, ni de mi cumpleaños porque… bueno, ya pasaron dos semanas y vamos, muchos olvidaron felicitarme, solo Dani la amiga de Mar me dio una tarjeta bonita y es un día casi normal.


El día de ayer cené, después de muchas ocasiones fallidas, con el amazing Javo, creo que ya puedo decir que de los amigos que tengo es uno de los que más me hacen reír y uno de los más divertidos. Me encanta porque generalmente con mis amistades tengo triángulos en los que las otras dos personas involucradas son tan símiles que, por ejemplo, todo lo que piden  es igual, en la Condesa de Juan Álvarez Sandy y Perli siempre piden el black forest, yo no, Ale y Víc solían pedir cosas parecidas, también, igual que mis hermanitos, es como un triángulo en el que de algún modo no eres tan parecido, por supuesto no quiero decir que quiero menos a mis dos mejores amigos o a mis hermanos, sin embargo sucede con Javo que a la hora de pedir pizza, aunque ya sabía que éramos medio parecidos (súper poquito), coincidimos en los sabores, hawaiana y cuatro quesos y me moría de risa porque es muy divertido coincidir, por ejemplo con aquello de que la gente aparte de odiar la piña, la odian en la pizza, primero yo amo la piña y en la pizza me gusta, pero no entiendo cómo se puso en boga aquello de odiar la piña en la comida… hay comida dulce, y bueno, así empezó la cena, eligiendo los sabores de la pizza, después pasamos a los temas místicos que con muy pocos se hablan, porque son tabú, me gusta de Javo que es escéptico y muy curioso, también tiene un sentido común de envidiar y es muy listo… básicamente lo odio (broma). Entre muchas de sus curiosidades resultó que tiene problemas  con el vino entonces terminé tomando mojitos, aunque no me gustan tanto, porque obviamente no me iba a tomar una jarra completa yo sola. Por cierto no entiendo cómo a la gente le gustan los mojitos, son muy… simples.


Salieron un montón de cosas divertidas, y otras no tanto, las crisis de los veinte, los desamores y los kilos de más nunca son divertidos, pero aparte del pasillo de nuestras ansiedades y temores, un disco de post-cumpleaños y la gabardina que dejé en su casa el día de su cumpleaños ¡hace un año!, la conversación fue de las mejores que últimamente he tenido, y me gusta porque se puede hablar de casi todo con él, de cómo mi coworker le tiró la cerveza a la bolsa de regalos de mi  jefe en Expo pack (Esther, si estás leyendo esto me disculpo pero de todos modos sabes que ese día morí de risa), de mi corazón roto, de su cita casi fallida, de los trabajos, las crisis creativas, las sombras que vemos en las casas de nuestros amigos, sus otras vidas, comer carne humana, ¡qué asco!


Bueno, cambié de opinión, sí tocaré las insanidades, porque es mi blog y soy muy odiosa; sé bien que eso de “cerrar ciclos” es una cosa horrible, más si la información con la que cuentas para hacerlo es muy poca y todo queda en suposiciones tuyas, eso no lo hagan, solo utilicen la información que tienen, las suposiciones pueden matar, bueno, sé eso, sé que anímicamente no estoy tan bien, aunque vamos ¿quién lo está? (les sorprendería la respuesta, hay mucha gente sana, perfecta y con vidas perfectas, y qué trágico); me estoy desviando, como siempre, mi punto es que a pesar de que una persona tiene sus cosas en qué pensar, las gomas de obsequio que jamás llegaron o sus últimas dates que quizá no fueron tan fructíferas, etc., de repente una plática es estimulante, es divertida, y buena para ti, porque piénsenlo, a cuánta gente ven, con cuántos platican, a qué personas besan, sin conocerlos, sin hablar, sin reír, apenas tocando con las puntas de los dedos (o de sus lenguas) una mente que quizá esté vacía.


Me quedan algunas dudas, ¿es cierto que los hombres son gorilas que no se dan cuenta de nada?, con base en ello y por la evidencia de mi último desastre sentimentaloide ¿entonces yo soy el gorila?, ¿un ingeniero puede tener las emociones de una jovencita berrinchuda de secundaria?, ¿tanto los chicos como las chicas son estúpidos, ellas por nunca decir nada y enojarse cuando les mandan este emoji J y ellos por mandarlo y bueno por ser… gorilas?, ¿sus novias se han indignado con ustedes porque sueñan que las engañan?, ¿han visto fantasmas?, ¿les duele el estómago cuando cenan helado? porque yo lo hice y la plática estuvo increíble pero el dolor de estómago no.

lunes, 7 de mayo de 2018

MIEDO I




Sé que no eres una persona de poesía ni de líneas y que con el paso de los días estas palabras perderán el poco protagonismo del que puedan gozar, pero yo las recordaré, las escribiré y las leeré por los dos







sábado, 5 de mayo de 2018

Cosas de adultos, correr...








¿Que qué tan divertido es ser una chica bonita?, no sé, pero si  necesitas mucho saberlo, puedo preguntarle a mi hermana.






Qué divertido es andar con ropa interior los sábados por la tarde, es porque hace calor, el calor que te hace servirte agua con fresas congeladas y retoños de menta, tumbarte en el sillón y escuchar el tráfico, mientras piensas cosas como: sobre todo no quiero ser una débil margarita, porque las margaritas están pasadísimas de moda, no en un modo vintage, y porque soy una mimosa, no como la planta, como el adverbio.

Seguramente los padres de muchos de ustedes corrían, mi abuelo era ciclista, era porque ya no lo practica, mi padre era atleta, era porque ahora practica natación y su némesis es una niña de ocho años, y recuerdo que cuando yo era adolescente y mi padre me platicaba de lo magnífico que era correr yo solo podía hacer una mueca, como la que hace el príncipe Felipe en la Bella durmiente, porque recordaba cuando de niñas mis padres nos llevaban a la deportiva de uno de los pueblos vecinos para correr en la pista de atletismo, y era horrible, no podías respirar por la boca, no podías comer nada pesado antes del entrenamiento y solo podías tomar suero terminando, y juro que lo único que pasaba por mi mente mientras corría era que tenía hambre, sed y que odiaba a todos; por eso no entendía cómo a mi padre le fascinaba correr, aparte sin música, y eran entrenamientos muy pesados, en el Nevado y cosas así, maratones y carreras de velocidad, insisto, no entendía y me parecía exagerado o “raro” que hablara de cosas como despejar la mente, analizar situaciones difíciles o apaciguar emociones, nah, cosas de grandes, igual cuando tenga treinta empiezo a hacer ejercicio, eso decía, porque yo era el artista y la oveja negra de la familia, pues resultó que empecé a hacer ejercicio en la universidad, y que aunque no fue tan agradable, me hacía cansarme y se sentía bien, después cuando comencé a trabajar también hacía pero luego como todo era “pesado y cansado” dejé de hacer.


Recuerdo mucho a una compañera de la preparatoria que escribió algo como ¿cómo te purgas al amor de tu vida?, y a uno de mis mejores amigos diciendo ¿cómo sanas un corazón roto?, bueno, eso sigo sin saberlo, yo no creo que como tal exista una “sanación”, y ¡al diablo, quién quiere sanar!, eso también está pasado de moda, prefiero andar con mi corazón roto por todos lados a intentar ponerle un curita, al diablo, los corazones rotos son encantadores, pues como dije, no tengo idea de cuál sea el remedio para el mal de amores y si alguien lo sabe no me lo diga, lo que sí le hace bien al corazón, roto o no, en la primavera es el agua con frutas congeladas y menta, eso sí, un montón de risas y resultó que también correr. Empecé a correr porque me sentía ansiosa y estresada, y resulta que es muy divertido, recuerdo a papá porque mientras lo hago pienso ciertas circunstancias y de algún modo he perdido miedo de pensarlas, la verdad no sé si todos los adultos (y los que somos intentos fallidos) corren por las mismas razones, y claro supongo que no, unos por salud, otros porque tienen perros, y el jueves pasado pensé: de verdad todos los adultos que corren, ¿corren o huyen?, yo no creo estar huyendo, pero solo pasado el tiempo confirmaré esto, ¿ustedes corren?, y si lo hacen ¿de verdad están corriendo o están huyendo?


Qué divertido es tumbarse en el sillón y leer mientras todo gira, unos minutos para ti mientras piensas en la persona que te encanta y sus odios por la fruta… no se puede tener todo en la vida, y qué desagradables las personas que tienen perros y te dicen “no hace nada”, pero vamos si a alguien le dan miedo los perros que te hagan nada o no, no importa, la oscuridad no hace nada y los niños se hacen pipí en los pantalones, aparte ustedes son los dueños de los perros, que no les hagan nada a ustedes no significa que a los extraños no les hagan. Por eso no corro en los parques.

domingo, 29 de abril de 2018

¿Qué se siente que me gustes tanto?




La recomendación iba a ser ¿qué se siente que me gustes tanto? de Daniel, me estás matando, pero ya ni es el poema que iba a escribir y ya estoy muriendo, entonces léanlo como gusten.






Esto iba a empezar con algo como que el mundo se encierra en pequeñas cosas y luego iba a hacer uso de las anáforas para ilustrar que lo extraño muchísimo en cada acto y cada día, seguramente como él no se imagina, luego recordé que escribí algo en la libreta que Víc me regaló, que habla de las posiciones, las malas costumbres y de la ropa interior que la gente tiene al dormir y recuerdo bien que eso surgió de una vez que platicando con él me dijo que creía que dormía como una bestia… en fin.

Hoy regresé de hacer la despensa, para un mes la mayoría de los alimentos, y encontré en el refrigerador una lata de lo que yo creí que era un jugo pero es una bebida alcohólica al 12% con estampado bonito de colores amarillo y rosa y de sabor a fresa y limón… en realidad sabe a medicina, recuerdo que me la dio Uriel en su cumpleaños cuando nos íbamos todos a la taquería, antes de irnos en el auto de Axel, Liz, Axel y yo, el mismo día que se me pegó la canción “Se te olvida” del playlist de bossa nova de Axel, íbamos  los dos cantando porque Liz iba casi… durmiendo, y bueno, ya, hice un smoothie de sandía con fresas y un chorrito de eso, yumi, preparé atún y me serví lechuga con limón, y puse un playlist de los vergonzosos para sentirme más miserable en mi mal de amores, es que es bien delicioso hundirse en la tristeza de las canciones que acentúan nuestro malestar (¿malestar?, sí es un malestar, extrañar es un malestar), abrí el pequeño cajón de la mesita de estar y ya no estaban los libros que antaño ahí se encontraban, a cambio había una pequeña carta que si bien no puedo agradecer sí me sirvió para preguntarme, ¿eso tan irónico es la vida, recibir una carta de una persona y extrañar a esa otra que los abuelos solían llamar bien cursimente “el amor de la vida” (letras doradas en fondo rosa)? Me metí a la habitación de inmediato a escuchar una canción y a escribir esto, que en primer instancia iba a hablar de la asfixia del mal de amores, en la ducha, en la cocina con mamá, en los pasillos del centro comercial, en el centro del pueblo, en mi habitación, en la de Mar, mientras hablamos de lo raros que son los hombres y en la oficina.

¿Ustedes no se asfixian? Y si lo hacen, ¿qué sienten?, ¿cómo lo curan? Es que las paletas de fresas con crema y los helados de pistacho ya no funcionan, tampoco el vino con fruta ni la pasta, ya no me da hambre y hasta el chocolate que pasaba antaño sin pena ni gloria ahora me da un poco de asco, solo tengo sed, y el calor de primavera que no es como el de años pasados me sofoca hasta la locura, súmenle a eso extrañar y querer a alguien de quién no sabes qué demonios hay en su cabeza.
Ahogarse es ridículo y más ver conectado a alguien y que sea la única interacción que exista entre dos personas un: en línea. No quiero ir al cine a ver una ñoño película con un que me importa un pepino, ni tomar café ni nada… quiero escuchar a Víc y a Carlos hablar de su corazón roto (la dulce empatía de los caídos), quiero leer, estar en el jardín sin sentir dolor de una parte del cuerpo que ni creo tener, no pasar por el pasillo de belleza femenina y ver cosas como dead sea  minerals, morir de risa, estar a punto de mandarle la fotografía y recordar que ya no puedo.
La gente da un montón de consejos bien extraños, ninguno hasta ahora me ha servido y aunque sirvan, no quiero que lo hagan, no quiero olvidar, bueno, igual aunque quiera… ¿qué compran ustedes en la despensa? Esta vez ya no compré helado ni pop-tarts, ni yogurth con colorantes artificiales porque recuerdo a mamá y me da remordimiento y porque le dije a la agente Esther, mi coworker, que iba a comer más sano. Estas cosas son muy complicadas, como dicen los adultos, y yo me siento a destiempo, ya a la gente no le importa que alguien lo quiera, que le guste, eso es muy mainstream, no tengo idea de lo que quieren y si la tuviera es seguro que eso yo no puedo darlo, y me causa ya no curiosidad, solo sorpresa y controversia el daño que pueden hacer porque “no se dan cuenta”, ¡vamos!, son cuestiones básicas de respeto, en fin… quizá es el calor de Toluca hablando por mí, siempre tengo un montón de pretextos bonitos: la fiebre, el calor, el vino, yo no, no, no, no, yo jamás.

Unos están sufriendo la pesadez de sus amores locos, otros los amores rotos de años, y algunos de solo siete meses, otros estamos en la sala de las efímeras, ser adulto es muy pesado y cansado.

Y pocas cosas quedan para el resto del domingo, una serie, un smoothie, chocolates, una carta incómoda que no pienso guardar, la chaqueta del trabajo que me queda grande y que le dejaré a mis nietos y la persona que me gusta, lejos, lejos, lejos, y a siete horas de diferencia, pensando quién sabe qué cosas, viviendo quién sabe qué vida, y la cuestión ¿qué se siente que me gustes tanto? porque yo siento asfixia y me derrito. 





miércoles, 4 de abril de 2018

Te quiero (no es cierto)


Ella es la tontuela que se deja robar un beso  y a la que terminan robándole las bugambilias, las risas y hasta la bubble gum.


Su ingenuidad la aderezan con jarabe de cerezas y solo la dejan derretirse al sol.


Es un caramelo de fresa y mandarina, deliciosa, pero imposible de querer.


Es la tontuela que vira al rosa con un beso y se vuelve azul con los adioses.


En primavera, un hielo de jugo de piña, pétalos de petunias y limonada rosa.
El mordisqueo doloroso de unos labios delincuentes y luego nada.
Las tardes sonando  prometedoras y luego, de nuevo, la nada.


En primavera, un susurro prescindible, un recuerdo fugaz, un montón de flores olvidadas.



viernes, 30 de marzo de 2018

La more


Sugerencia de lectura: Therapy de Khalid 





A la more, que en realidad no es morena pero le llaman así porque se notaba una diferencia con su hermano rubio y su hermana del color de la nieve, las mañanas se le pasan recogiendo sus vestidos, limpiando su habitación y regando sus plantas, haciéndose agua de arroz con canela y cortando la fruta del huerto, las tardes cuidando los vegetales y quitándoles las babosas que carcomen las hojas de los betabeles, las acelgas, calabazas y sandías,  las noches… esas se le pasan lento, lentísimo, oye los grillos de las flores, el choque de las hojas, hasta  oye a su corazón golpetear confuerza.


La primera vez que algún cretino le partió el corazón su madre le preparó jugos de fresa, sospechando que le faltaba azúcar, -toma niña, y le daba un beso en la frente, pero era primavera, no tenía falta de energía tenía falta de aire fresco.


Esta vez, y con este cretino las cosas no eran diferentes, estaba tranquila, pero de repente la asaltaba un arrepentimiento febril, una culpa luminosa, despejada por la tarde y su temperatura más baja.


Qué dichosa era la more sin ser consciente de su maravillosa capacidad de amar, su respuesta con las personas que amaba ante las situaciones “difíciles”, como dicen los adultos. Generalmente disfrutaba recordar de él sus labios, los abrazos, los besos, pero es primavera, todo se cura comiendo fruta, ahora la more ve su reflejo en la laguna mientras refresca sus pies, le muerde a la rebanada de piña y el jugo se resbala en su piel, lentamente; ha dejado de sentir cosquilleos en el corazón, en el ombligo, más abajo.




jueves, 15 de marzo de 2018

Brisas y huracanes






Todo empezó el domingo por la fiebre de la creatividad que cada fin de semana me inunda y me tumba hasta, repito, la fiebre, en fin ese día comenzó pero se fue hasta el lunes luego al martes, los días girando en el calendario, con todo el estrés del mundo y la decepción de las conversaciones más triviales en el comedor del trabajo, ¡gracias clima horrible de Toluca! porque sin ti en la comida escucharíamos únicamente cómo masticamos. A mí me gusta hablar, las buenas conversaciones y también las risas, pero llega un momento en el que cansa, cansa lo insípido de las personas, lo desastrozo de los intentos por revivir una conversación y entonces simplemente metes las manos a los bolsillos y dejan las buenas pláticas para las buenas personas.


En fin, se coló hasta esos días, pero eso tampoco importa; el día miércoles a las siete con cuarenta salí de casa y como era un poco tarde tomé un taxi, curioso, muy curioso en realidad, de nuevo era el taxista de “la vez pasada”, el que se coloca dos ramitas de alguna planta que no alcancé a distinguir en las orejas, una en la izquierda, una en la derecha. Pues estábamos de nuevo en la mañana el taxista de aquella vez y yo  y el tráfico sobre Tollocan era horrible, como siempre, entonces me propuso que llorara en su hombro porque igual nos íbamos a tardar la eternidad, yo lo reconocí de inmediato, pero igual que cuando miras la pasta de dientes que acabas de dejar destapada y finges que eso jamás pasó y que fue inconsciente, así mismo fingí no recordarlo, pues me dijo que iba contrariada, con mucha carga emocional, a lo que contesté que sí, creo que no recuerdo todo pero mientras veía las puntas de los árboles del parque me preguntó cómo iba con el novio, ¡ja! Y el taxi avanzaba lentamente.


Las personas que me conocen, las cinco que lo hacen, saben que tengo un conflicto con las etiquetas, específicamente por los atributos que como sociedad solemos colocar a las palabras, a algunas, de entre las múltiples que me chocan puedo citar dos que me vienen a la mente, la primera creo es evidente que es la palabra novio/noviazgo y la segunda que pienso es doctor.  

Cuando hacen alusión a los doctores, inmediatamente las personas piensan en hacer reverencia a su majestad el doctor que usa una bata blanca, un médico con una bata, todo un cliché, me atrevo a decir aunque nací y crecí en un pueblo, todo un cliché pueblerino, y con la palabra noviazgo, bueno, no es tan diferente, independientemente de que las personas vivan en zonas residenciales o en casas a lado de invernaderos, la mayoría atribuye efectos mágicos a la palabra noviazgo, es algo así como un: dícese de la persona que a uno le pertenece después de que le a preguntado si le gustaría que le reclamen por la libertad la debilidad y el acto. Como sea, me reservaré para otro momento los consejos –pícaros- que me dio el señor taxista acerca de este tema. El punto es que es muy receptivo y estoy segura de que esconde un misticismo asombroso, él mismo me ha dicho que soy rara, pues no sé que hizo, este tipo de situaciones me pasan a mí, son graciosas, y al final del transcurso y de una plática muy realista y entusiasta me aconsejó ser feliz y divertirme más, curiosísimo Marco en el comedor un día antes me había dicho algo parecido, después me dio un abrazo y me llené de vergüenza porque la máquina se había tragado mi dinero sin darme los chocolates que había pedido y porque Marco notaba que estaba mal.


Pues ahí empezó todo y se pasó, por supuesto, al día jueves, yo no lo planeaba pero terminé en Nutrisa con los coworkers, sí, incluida Esther con la que compartí el tipo de outfit y a la que le tomé cariño desde el primer día, porque muy a mi pesar mi corazón es muy ingenuo, después sin planearlo tampoco, en el cine con Lady Bird.


Me gustan las películas que tratan de la vida, rebanadas de vida o pedazos de día, los jeans que utilizamos los miércoles, los libros que metemos en nuestra bolsa los martes, el café que tomamos solos, las lágrimas que lloramos en el cine sin necesidad de que ningún intruso-arruina películas te pregunte si estás bien, los calcetines que usamos con la ropa interior en estos días de calor, las conversaciones subidas de tono, los abrazos que damos, los pasteles de cumpleaños…


Salí de la película de nuevo inocente, pero no del todo victoriosa, y mientras caminaba pensé en mamá, papá y por supuesto Ale y Víctor, sobre todo en ellos, caminaba por la tienda de videojuegos a lado de la de make up, ahora todo era clarísimo, ¡por supuesto que sí!, ¿qué esperábamos?, ¿El amor de la vida a los diecinueve o a los veintiuno?, ¿qué es eso del amor de la vida de lo que tanto hablan los ancianos?, ¡pues claro que no!, tenemos veinticinco, pronto uno más, pero no planeamos como casarnos o huir a la Habana detrás de aquel hombre de brazos fuertes y piel morena, porque sobre todo jamás hemos querido ser débiles margaritas, creo que esperábamos amores afrutados, fructíferos, equilibrados pero pasionales, toda una antítesis, por supuesto que nuestros amores van a fracasar y a florecer y en ese ciclo nos moveremos, queremos experiencias, vida y amor.


Después vi la escalera eléctrica que conduce a la terraza y recordé hace un año, antes de que Ale se fuera a Rusia, nos encontrábamos en la terraza de esa plaza comercial, tomando café, en un día de otoño, seguramente de septiembre, recuerdo que llevábamos suéteres, chaquetas y bufandas porque hacía frío, recuerdo sus risas, sus voces, las conversaciones que parecían fútiles y la luz, que agonizaba, naranja en sus rostros. Fuerza de esa que es sutil y sublime, de la fuerza que te permite aceptar que quizá estás un poco mal o muy mal, cansada, pero que poco a poco estarás mejor, este también es un ciclo,  y como dice Víctor hay que animarnos a vivir con todo, con la brisa fresca pero también con las gotas del huracán; y agárrate fuerte Mich, que estamos en pleno huracán y está bien, ya verás que el huracán acomodará todo mejor. Y así empezó, pero no sabemos cómo termine, porque las brisas y los huracanes nadie sabe cómo terminan.





domingo, 4 de marzo de 2018

Piel de primavera


Sugerencia: con Like or like like de Miniature Tigers





Te quedas acostada en la cama con el pijama holgado de algodón, tomas todo el cabello y lo acomodas en una de tus almohadas de lado derecho, mueves un poco las piernas desnudas y los brazos, estirándote entre las sábanas blancas mientras aprietas los ojos. Bajas los brazos y pasas las manos por el vientre adolorido que apenas se calmó en la madrugada con la infusión caliente de hinojo y manzanilla, siempre duele la desfloración; y si el anetol sirviera para el mal de amores, en lugar de vino, ayer habrían tomado infusión.


Te gusta más la melancolía que la tristeza, la primera te permite juguetear con las flores y las nubes, la segunda es solo agua, en los bolsillos, detrás de los ojos y en el cielo, agua en todos lados, el agua que te hace pensar en su volatilidad, cualquier acto es ahora cobardía, cualquier pensamiento es un arma de análisis ¿qué piensa, qué siente, qué mira, qué lo hace estremecerse?, nada importa.  


¿A quién vas a querer en primavera corazón laberíntico? amores rosas y pequeños, amores frágiles y perfumados, amores dulces y fugaces.


Todo ha sido ofrendado a algún dios desconocido, las ideas, las emociones, las caducidades de fechas conocidas, las posturas y tesis, las conversaciones y las miradas que seducían, las noches de amor loco y las coincidencias literarias. Ahora todo se desconoce y ninguno volverá a ser quien era, ninguno volverá y dejamos nuestra piel anterior olvidada, y ninguno jamás volverá.


Pasas los dedos de tu mano derecha entre el cabello y el aire ahoga un poco, ¿en el rostro de quién jugueteará el cabello, ahora más largo?, ¿quién no podrá dormir por las cosquillas que le hagas en los labios?
Siempre pasa igual, es el ciclo sin fin del que se sale inocente pero no del todo victorioso, ¿y si te enamoras a propósito, de la primavera, de los retoños que se abren y de las gotas de rocío que incentivan al beso?


miércoles, 28 de febrero de 2018

MARTES





A propósito de la gente que "siente que estoy mal" y la risa que nos causa a Mar y a mí, ¡ah!, y a propósito de todos los ¡ush! de Ale, Víctor -y los míos- y por el pretexto de hacer drama, porque, ¿a quién no le encanta?:





Subo las escaleras después de lavarme los dientes y el rostro en el sanitario del patio de las jardineras, subo las escaleras un poco desequilibrada por el clericot, es martes, 27 de febrero, mi cuerpo ya no es mío, es nuestro, mitad mío y mitad de Baco, a quien he rezado después de media jarra de vino para no escribirle una idiotez. Subo, sigo ocultando las risas, mi roomie habla  por teléfono con su novio (o algo), me paso, abro mi puerta, aviento mi bolso enorme a la banca, me quito el abrigo, el jersey, los jeans y miro los calcetines de pingüinos, me quito el resto de la ropa y este cuerpo ahora es nuestro, mío, de Raúl y de Baco, entre los sentimientos inflamados, la cordura y el desequilibrio, por los taninos, este cuerpo ya no es mío; y aunque a él no le importe -al mortal, no al dios-, este cuerpo ya no es solo mío.



Dicotiledónea era la palabra que el otro día no encontraba de las frutas o leguminosas, estábamos en su habitación hablando de dualismo, bueno, yo hablando de dualismo, él de música e instrumentos, lejos, súper lejos de mí; dicotomía lo que somos ahora, por mis errores, por los kilómetros y un día que me lleva de diferencia, ya no somos. Muero de duda.¿Fuiste? ¿Fuimos?. O ahora, ¿solo soy?.



Mi cama no tendida, pero hermosamente ordenada y dispuesta para una fotografia que narre la belleza del caótico y sutil desorden, me invita a entrar luego de ponerme la pijama, esta almohada no eres tú, pero lo mismo da, es un cuerpo inanimado al que abrazo y me ignora, como yo, bajo la influencia de la decepción, como tú, el último día.



No entiendo nada de las relaciones interpersonales, la tristeza inunda pero tu amor ahoga, no sé nada de ninguna de las versiones, la tuya es desnocida y la mía poco confiable.



No entiendo nada más allá de mi mareo, ¿cedo a tu silencio o al mío?, ¿cedo a tu lejanía o a la mía? Cedo al hielo o al silicio.



Mis amigos, su consejos, mi familia, los sueños vívivos de anoche, todo es un presagio de incertidumbre, pienso en la manera de acaparar la redacción de protocolos para esta situación: ¿cómo puedo decir que eres tan increíble que resultas imposible de existir, sin usar estas palabras?, ¡no puedo!, no hay paráfrasis para ti, y pareciera que no pasaste, que no fuiste y que todo fue un sueño maravilloso, ¿le escribo a una persona o a un anhelo?, ¿existes?, mis suéteres que ya no están ordenados por colores parecen más reales, solo me queda el desencanto, una pizca de arrepentimiento, frustración, enojo y tristeza, Jacinta creciendo con ese verdor de las plantas sanas y estos ojos que desconocen y se confunden, y estas manos que se sienten  un poco engañadas y defraudadas, sí, y estos ojos, este corazón que me desconocen.






Tal vez nunca te vi, tal vez nunca toqué la punta de tus dedos o te escuché hablar de "armonías atonales", tal vez no existes, no eres, porque esa inteligencia y el arte completo de tu estampa resultan insoportables, perfectos, imposibles.

domingo, 11 de febrero de 2018

Lentejuelas de domingo

Para leerse con I follow rivers de Likke Li, The magician





Sus amigos le comentaron que yo les recuerdo a ella, no tengo idea de quién es "ella", pero es una de esas personas del pasado. Mi estilo, mi manera de expresarme, mi manera de ser, les recuerda a esa chica y no quise caer en las cuestiones físicas porque de por sí ya era... diré doloroso, incómodo y aunque presumo de tener complejo de ombligo del mundo, la verdad es que son apenas unos bisbiseos en esa "manera de ser" que sus amigos ya han condensado, entonces agradezco la certeza del cliché, pues claro que hay tantas personas parecidas a mí, física, emocionalmente, personas que piensan como yo, eso lo he sabido desde los siete años cuando la profesora de primaria me presumió haber visto a una chica igualita a mí el fin de semana, con el mismo lunar en la mejilla izquierda, con el mismo tono de piel. El horror y el desencanto desde los siete años a cambio de creer en las particularidades y maravillarme con el conjunto de ellas en cada persona.


Por supuesto que mi primera reacción fue un ¡auch!, pues sí, considerando la población mundial, la población mexicana, las características genéticas compartidas, el hecho de que soy una persona promedio, ¡vamos!, incluso hay parecido con mi hermana (dicen), es ridículo recalcarme mi falta de originalidad; sin embargo todo este alboroto empezó con un tengo miedo porque dicen que..., ¿miedo?, ¿miedo de qué?, ¿ella era mala, fea, sosa, idiota, te hizo daño, no la querían, leía primero el final de un libro, tenía tres ojos o qué?, entonces ya había algo más, miedo de que yo sí me pareciera, a mí eso no me dio miedo, me dio asco y como dije, me desencantó. El ruido en la oscuridad llama y casi siempre termina en una exploración de la fuente, también se es vulnerable cuando se es curioso, soy un patrón, pensé, seguramente soy un patrón y yo imbécilmente estoy pensando en la delicia de lo poco probable. Me aseguró que no soy para nada como ella, que tampoco está repitiendo un patrón conmigo, pero él me parece la fuente menos confiable en esta situación.


Me gusta de los duraznos que los puedes partir a la mitad con la mano y de inmediato observar la infame semilla almendroide, en esto terminó el análisis, por un lado el pedazo que garantiza la certeza de la no convergencia con esa persona, no desde un punto de vista pueril e infantil que desdeñe una conclusión ajena, sino desde los atisbos de desconocimiento y falta de criterio y raciocinio para llegar a interpretar o dilucidar una "manera de ser" (según yo); por otro lado estaba esa duda, ¿y si repite un patrón conmigo?, ni siquiera hablo del bien y del mal, creo que ese dualismo en cuestiones de ser el patrón de alguien es lo de menos importante y ni sé de qué va cada uno, en fin, ¿qué se hace con dos pedazos tan disímiles?


La amigdalina es un diglucósido cianogénico que libera cianuro al ser ingerido (Morillo, 2016), y entre varios frutos, se encuentra en la almendra de durazno, la metáfora del mes, y en este, mi caso específico, el cianuro se me antoja el valemadrismo, en pequeñas dosis que no sean mortales, porque puede que sea cierto, puede que sea un patrón y uno sin una pizca de sabor, uno "malo", puede que me parezca a ella, que las dos despertemos a las cuatro de la tarde recordando las palabras inventadas que soñamos, o que las dos nos ensuciemos la boca comiendo paletas heladas de grosella, puede que no, puede que, a diferencia de mí, ella sí sea una maravilla, puede que la gente que no me conoce en realidad sí lo hace y contrario a lo que pensaba, contrario a las reuniones de días con Ale, Víc, Liz y Porras, para desmenuzar cada acto con el afán de acercarme más a mí (sin delimitarme), no han servido y son basura pues basta con ver un tweet o una insta story y saberme... puede que sí y no me importa, no quiero saber porque no-me-importa, desconozco la razón que le llevó a mencionarme esto, tampoco quiero adentrarme en ello, y estoy a las seis con treinta y tres minutos de este domingo caluroso en cama, con el jérsey de lentejuelas bonitas, escribiendo que sencillamente el valemadrismo es riquísimo. Que al final cada uno es protagonista de su vida, que se preocupen ellos de sus patrones, de su pasado, de sus clichés y miedos. Yo estoy, soy mi historia y mi egoísmo de hoy solo me da para ver el brillo delicioso de las lentejuelas.












Referencias
Morillo, Juan, Extracción y cuantificación de amigdalina por método kjeldahl, en almendras de prunus persica (durazno), comercializados en el mercado mayorista “La Hermelinda” de la ciudad de Trujillo, región La Libertad - periodo 2016. Tesis. 2016 




domingo, 28 de enero de 2018

Mientras habla de sonidos atonales

Para leerse escuchando I wanna be with you again de The two








El preludio

Tu amor quiero mimetizarlo con las hojas del verano, pero es invierno, así que debe ser enterrado en el camposanto lleno de polvo gris y cardos tristes, no te preocupes, en la inscripción dirán la verdad: Aquí yace el amor de aquel que habla de música y jamás pone atención a los árboles.

Este paisaje dorado es suyo, las flores rojas y puntiagudas de los colorines, sus bayas, contarán mi historia, con cada detalle, cada mirada, cada caricia y todos los “te quiero” de azúcar morena que se deshacían en tu boca.



El reclamo

Te guardo como un amor de sal, villano, una invasión a la que no pude resistirme, se es vulnerable cuando se quiere, con una madurez emocional de presumir, pero la ingenuidad de los bondadosos.

Lo guardo con un dolor profundo, con el dolor que debe ser guardado el amor de los veinticinco años, homenaje de lágrimas y cielos azules.

Lo guardo a pesar de lo cínico y lo inseguro, de la maldad que reina en los corazones que no saben convivir con la libertad, y quieren neutralizarla con daño, sospechando equivocadamente que son afines, sospechando, equivocadamente, que yo soy una mala persona.



La sentencia

Ya no puedo estar contigo, puedo caminar a tu lado y puedo tenerte frente a mí, puedo responder a tus preguntas y mirar cómo sonríes como un montón de estrellas, no sin sentir dolor, pero aún eso puedo, soy fuerte. Pero no puedo ver tus párpados al dormir, al soñar.

Este es un amor de naturaleza fugaz, soy inocente, tú…

Ya no puedo decirte que te quiero, escribirte todos los días, ni esperar por ti las puestas de sol de los sábados. Pensar y discutir, leer, dejar que tomes mi mano, y dejar que sigas con tus proyecciones a futuro que son ridículas e imposibles.

Es un amor que agoniza, y no puedo acompañarte con esta enfermedad hasta el final. Me prometo el valor de las generaciones maternas precederas, debo matarlo.



La venganza


Cuando pasen los meses y los años te seguiré recordando con el mismo gran amor que siento ahora, aunque estemos lejos, aunque los colores (y los dolores) me invadan por dentro. 




Il by Mihoko Takata